Prácticas sexuales inusuales y parafilias en las artes II
En 1787 Donatien Alphonse Francois, Marqués de Sade, publicó “Justine”, una novela en la que su protagonista cristiana, virginal y honesta, es sometida a una interminable sucesión de orgías y torturas sexuales. La crudeza y el detalle con que se describen esos episodios tan crueles impresiona hasta el día de hoy. Justine es siempre una víctima, no se entrega voluntariamente al dolor sino que es sometida por individuos totalmente amorales que disfrutan con el sufrimiento ajeno. Este comportamiento se llamará más tarde sadismo sexual, y tan grande será la influencia de Sade, que el sadismo sexual se convertirá en la parafilia más “popular” en la literatura y las artes de los siglos siguientes.

Sade escribió luego “Los 120 días de Sodoma” y “Juliette”, que han sido definidos como “catálogos de perversiones criminales”. Las explicación que Sade dió sobre sus obras fue que sentía la necesidad de “mostrar el crimen tal como es, en toda su crueldad”, una operación discursiva sobre la que todavía no hay consenso social en cuanto a sus posibles efectos.
En el siglo XIX Leopold Sacher-Masoch introdujo en su novela “La venus de las pieles” un nuevo concepto que las artes absorberían en el futuro: la voluntad de ser sometido y la dominación y la violencia consensuadas, o el sado-masoquismo.
El siglo XX será el siglo de los medios masivos, con preeminencia del cine y la televisión. En el cine, las parafilias se harán visibles tempranamente y el sadismo sexual y criminal serán temas o motivos de películas de los géneros policial, terror, suspense, thriller, film noir y de denuncia política. En los años noventa, las películas de estos géneros que incluyan al sadismo sexual desarrollarán una estética audiovisual propia y distintiva, que se transformará casi en normativa a partir de “Seven” (1995) y se puede apreciar en los siguientes avances de “El caso wells” (2007).
